Bien es cierto que cuando nos iniciamos como maestros tenemos mucha incertidumbre, por que el primer día de clases tratamos de llevar todo lo previsto para el desarrollo de la clase, y tenemos pavor de que algo mal o diferente a lo planeado suceda, mas cuando estamos siendo observados por compañeros docentes, queremos que el tiempo pase rápido y termine ese sufrimiento. Cómo cambiar esos momentos, pero de los errores se aprende, nadie nace sabiendo ser maestro, eso es una tarea que día con día se aprende y nunca se llega a ser experto.
Aún con el paso del tiempo seguimos practicando cosas que a nuestro parecer funcionan y esto hace de nuestra tarea algo aburrido y rutinario. Cuantos docentes hay, que después de 10 años de impartir la misma materia usan las mismas estrategias, sin considerar que cada contexto es diferente, este problema solo se puede resolver personalmente, ya que por muchos cursos que se tomen, si no se tiene la intensión y ganas de cambiar, no se hará. Tiene mucha razón Miguel de Unamuno, cuando nos dice que “Era su vida pensar y sentir y hacer pensar y sentir” ya que como docentes somos quienes damos vida a nuestra tarea, y de ello dependen las acciones de nuestros alumnos. Si no somos docentes por convicción, no estaremos a gusto con lo que hacemos y nos la pasaremos quejándonos de todo.
Si vivimos con pasión nuestro que hacer docente, y sentimos lo que hacemos buscando lo necesario para llevarlo a cabo, podremos trasmitir ese sentimiento haciendo que los alumnos pienses y sientan. Para eso debemos valernos de muchos recursos, así como el manejo adecuado de la comunicación y disciplina.
También es importante el formar nuestra identidad por nuestros conocimientos y experiencias, y no por seguir patrones.
Para llevar a cabo la docencia es elemental la combinación de conocimientos y de la pedagogía, por lo tanto, no nos aferremos a solo saber lo que por profesión aprendimos, si no que esforcémonos para hacer cambios, para trasmitir lo humanístico en nuestros alumnos.
Recordemos que nuestra tarea es algo humano y no hay mejor recompensa que el sentirnos satisfechos y útiles a la sociedad, porque somos quienes podemos transformar.
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